sábado, marzo 17, 2007

RODOLFO EDWARDS (selección de poemas a cargo de Florencia Castellano)


Escribo generalmente después de la caída del sol. La luz del día no se lleva muy bien con mis ideas, con mis pulsos vitales, con mi creatividad. Cuando empiezan a surgir las primeras sombras, un raro impulso de vivir me invade y la máquina arranca hasta el próximo amanecer. Aclaro que no soy un vampiro, pero casi. La noche es mi hogar, la luna, una hermana, una madre, una amiga fiel que siempre me tiene reservada una sorpresa (y cuando está llena, guarda, puedo cometer tremendas felonías...) Escribo siempre en libretones de 13 X 21, papel cuadriculado, marca “Norte”, pero como hace un tiempo ya no se fabrican más, me pasé a la marca “Meridiano”. Como nada es perfecto, también la inspiración me puede agarrar en cualquier momento del día, en la calle, en un cine, durante un partido de tenis, en medio de un sueño, etc. Para eso tengo siempre conmigo, como un amuleto, una libretita “Norte”, de 6 X 10 (éstas sí se siguen fabricando), y ahí anoto lo que me dictan las musas. Por varios lugares de mi casa, como la cocina o el baño, tengo preparadas otras libretas, por si las moscas. Me gusta escuchar música cuando escribo, es más, me resulta indispensable (soy melómano). En mi cabeza siempre está sonando una canción. Acostumbro explorar en la métrica de las canciones populares. Soy muy ecléctico en mis gustos musicales, pero escucho mucho rock y dentro del rock, amo los setentas. Bandas como los Allman Brothers o Lynyrd Skynerd o ZZ Top, o violeros como Johnny Winter, son mis preferidos, todo ese rock sureño (de Tejas). De lo nacional, el chamamé, porque es salvaje, alocado y lo llevo en la sangre (mi vieja es correntina, mi viejo, paraguayo). Claro que a veces bajo un cambio y pongo al Modern Jazz Quartet... Soy coleccionista de discos en todos los formatos... En suma, sin música...no puedo vivir y toda esa imaginería del rock and roll, pienso que se refleja en mi escritura. Detesto el silencio, lo asocio con el abismo, con fantasmas horrendos, con la muerte. Creo que nunca seré un monje trapense. Las paredes del cuarto donde trabajo, donde está mi compu, mi biblioteca, mis papeles, están llenas de cuadros, de pósters,...detesto el color blanco (aunque también sea un color)... Mi poesía siempre está trabajada a partir de patrones rítmicos, para mí sin ritmo, no hay poesía, ni vida, ni nada. Las cosas, las personas que no tienen ritmo son amargas, grises y toscas. El manuscrito es la primera etapa, la hoja se llena de garabatos y dibujitos a veces incomprensibles hasta para mí. Después paso todo a la computadora, ahí realizo la corrección general.
No suelo tener “planes de escritura”, pero me influyen en mis ciclos “temáticos” las circunstancias por las que esté atravesando mi vida personal: puede ser un enganche con algún asunto de la realidad del mundo que me inquiete o la aparición imprevista de alguna musa. En este último caso, la pluma se me descontrola y el corazón se me llena de imágenes, yo le llamo “el estado de musa”, y es algo que puede durar algunos meses y, a veces, mucho más. Escribí un libro hablando de todo este proceso. El libro se llama “Teoría de la musa”. En una parte contaba las cosas que provocaba estar sumido en ese estado de encantamiento: “no queda otra que procurarse un conjuro/consultar un astrólogo/comprarse un mapa de estrellas/mortificarse el alma/usar especias en todas las comidas/juntar todas las botellas vacías/y poner una mensajería para náufragos/aspirar los malvados vientos y exhalarlos por las narices/despeinando el jopo de los empleados municipales/zapatearse un malambo/mear un hormiguero/besar en los labios al mandril del zoológico/transpirar como Elvis en Las Vegas/putear en guaraní/inventariar calesitas”. Algunos colegas me ven como un boludo por hacer poesía amorosa. En la poesía argentina no es conveniente aparecer como demasiado sensible, siempre se han privilegiado las rancias especulaciones con el lenguaje por un lado, y por el otro, una veneración de las poses suicidas. Ser cínico da chapa de inteligente y astuto. El factor “sentimiento”, esencial en toda poesía, parece haber sido descartado en buena parte del corpus de la poesía argentina. Sinceramente prefiero ser boludo y no tener el corazón cerrado con un candado.
Alguna que otra vez escribí “poemas históricos” y entonces sí me puse a leer cosas relacionadas con el tema, como en una investigación.
Corrijo mucho, es un placer corregir, es parte del viaje de la escritura. Hacer varias versiones de un texto, navegar por las palabras escritas, descubriendo perlas y también grumos, barro...Es hermoso ese momento en que releo lo que escribí y me reencuentro con ese trance emotivo que resplandece y recuerda el origen de un texto. Todo el resto es literatura...A veces, algunos textos se pierden en la maraña y si tienen la fortuna que los vuelva a encontrar revolviendo papeles, pueden volver a florecer. Establezco con mis poemas una relación afectiva, son mis flores, mis hijos, mis criaturitas, son presencias, testigos y compañeros de ruta en esta vida que me toca. Los amo a todos y a cada uno, también a los feos, a los fallidos...
La poesía llega de muy diversas maneras. Puede ser una frase de una conversación, algo escuchado en la radio o en la tele, algo que pasa ante mis ojos. Siempre llevo encima mi “cazamariposas”, una especie de dispositivo interno que atrapa todo tipo de materiales, desde los más sublimes hasta los más bizarros. Así armo mi archivo de imágenes y desde allí empiezo a armar los textos, como un rompecabezas. Cuando la pego con la forma, por ahí sale un buen poema. Cualquier cosa puede entrar en un poema. Las poéticas de “lente abierto” son las que siempre me interesaron más. Si bien siempre hay que resolver entre la concentración y la expansión, nada debe descartarse en la consideración de ese proceso. Como en un juicio, hay que citar a todos los testigos, verificar todas las pruebas. Escribo todo lo que se me pasa por la cabeza. Para mí todo vive y tiene alma: los objetos, los edificios, los animales. Las plantas nos hablan con su mímica hermética y la realidad es un perro peligroso que debemos los poetas exorcizar con nuestros cantos.
Creo que la profundidad está en la superficie de las cosas, aunque parezca esto una contradicción....siento que en las cosas más banales se encuentran claves para la comprensión del mundo. Lo “trascendente”, pienso que es cosa para los curas o para filósofos becados. Para mí lo cotidiano encierra todos los misterios; tal vez piense así por mi infinita torpeza con las cosas materiales. Me resulta más difícil clavar un clavo que leer la Fenomenología del Espiritu. No hay nada más complejo que los acontecimientos que ocurren en los días marcados en los calendarios.
A mí la escritura me salvó la vida; esta vida que tengo se la debo a los versos que empecé a escribir a eso de los 14 años...Me permitieron ordenar mis pensamientos, parar la pelota cuando estaba perdiendo por goleada, que mis amigos me quisieran un poquito más...La poesía me ayudó a ser mejor tipo, a aceptar las derrotas, a disfrutar los momentos de felicidad y a prolongarlos en un repeat absoluto. La poesía es una bendición, un don que debe honrarse cada día, como a la pizza de Pirilo y a las muchachas de la calle Corrientes... Para mí escribir es como respirar, como caminar, como comer puchero los días lunes, es rock and roll, es la sombra del pájaro que se refleja en la pared de mi patio, todos los días a la misma hora.

Rodolfo Edwards


POEMAS INÉDITOS (selección de poemas a cargo de Florencia Castellano)

EL SUBTE “A” (PLAZA MAYOR – PRIMERA JUNTA)

esa señora que muerde
tristemente su galletita
y encima en el andén
te meten esa maldita música melancólica
te hacen sentir un personaje
de película alemana de posguerra

estoy encerrado en un ropero
lleno de trajes con las personas puestas


APAGO EL CIGARRO

apago el cigarro
en la copa de mi sombrero
como desafiándome a mi mismo
me insulto y me blasfemo
me blasfemo y me insulto
cuento once pasos y me tiro
penales imaginarios
que jamás atajan los goleros
soy mi peor enemigo
mi principal verdugo
pero como en toda batalla
uno tañe tambores victoriosos
otro rinde armas resignado
un fantasma hoy me sale de la entraña
y contempla mi figura
en el centro de la jaula

LA GALERÍA

nunca caminamos
por una galería en “L”
nunca dibujamos
esa letra
ni ninguna
de las veintiséis o veintiocho
restantes
¿acaso la “CH” no es súbdita de la “C”
así como la “LL” de la “L”?
yo de vos
mi Reina
mi Capitana
mi Eva Perón

nunca caminamos
por una galería en “L”
cuál la salida
cuál la entrada
del lugar donde jamás se estuvo
qué Avenida qué arteria
de qué ciudad


Rodolfo Edwards

POEMA DEL LIBRO "TEORIA DE LA MUSA"

a la musa no se la puede rechazar nunca
aunque uno haya hecho infinidad de tratamientos anti-musa
a la musa se entra a la altura de los ojos
y muy pronto se compone una especie de fanfarria facial
y estalla su voz como timbales del Colón
gestación de la musa:
puerta que el poeta atraviesa sin ser visto
y de pronto uno se encuentra
dentro de un gran salón lleno de escaleras multidireccionales
que conducen a destinos inciertos

entrar a la musa es como meterse en mar inefable
con sus oleajes y sus mareas impronosticables
con sus leyes propias y únicas
lo que en otra musa eran playas apacibles
en esta pueden transformarse en un torbellino de arena
con consecuencias impredecibles para la salud del poeta
el poeta arriesga su nave y su tripulación en estos lances
pero la recompensa se almacena
en las oscuras bodegas de los navíos:
palabras pilas de palabras
dispuestas en hileras
formando montones
iluminando la noche del mar
eclipsando el sol de los trópicos

Rodolfo Edwards


Nací en Buenos Aires (República de La Boca) el 11 de febrero de 1962. Soy Licenciado en Letras (UBA), especializado en Literatura Argentina y Latinoamericana. Tengo cinco libros editados: Culo Criollo (Siesta, 1999), That´s Amore! (Ediciones del Diego, 1999) Rodolfo Edwards (Selecciones de Amadeo Mandarino, 2000), Los Tatis (Edwards&Edwards, 2003) y ¡Vamos con esas imágenes! (Eloísa Cartonera, 2005)


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