lunes, julio 23, 2007

ROXANA PÁEZ


"Máquina del gorjeo"



Bajé de las ramas y la MacBook ahí

quedó abierta con un piolín enganchado

a la tapa.



Cuando tirara del cabo se cerraría

en forma automática después de acechar.

Pero el verso no entró.



Parecía considerar el asunto,

si así puedo describir el estado

de indecisión,



al sentirse atraído

en direcciones opuestas

por dos impulsos diferentes.


Roxana Páez


Poemas del libro "Fogata de ramitas y huesos"


Dejo mi patria viviente y colorida por una oscuridad tal vez menos engañosa. Es más que probable que, privado de exaltación pero también de pena, visto desde algún imposible exterior, el mundo sea neutro y blanco.
J.J.Saer. "Lo visible"


Escala de lo seco a lo fluído



Las letras de tinta no son muy distintas
del humo que suelta la cama de papel
en el fuego.
Y mi placer no tiene nombre cuando las palabras suben
a fundirse con la tormenta, en un ritmo aleatorio
de mariposas harapientas.



El suelo sigue bajando y el cielo sigue subiendo


Un plato de colillas de días humosos.
Por un camino de la mesa
entre papeles, corre el residuo
que nieva saltos de insectos de la luz.

Uhmm, si después de la ceniza
el cariño por ahí esperara...
Otro viento fue
el que me trajo a mi padre
a la boca.

cuando fuimos con mamita
a la orilla y vimos en la caja después de tantos años
algo de él, que nunca
habíamos visto.
Ceniza es cuero, no queríamos volcarlo ahí
entre papeles de helado y cáscaras de fruta.
Entonces subimos la barranca.
Mi hermano silencioso
miraba el agua.
El agua era luz, toda luz sin color.
El viento insistía, insistía
en devolverlo
hasta que pudiéramos sentir lo vivo
otra vez.
Y mi padre se nos metía
en el pelo, por las aberturas del cuello.
Lo respirábamos
confundidos porque nadie
nos había contado que se vuelven.
Lo oíamos entrar en el oído.
Hasta que al fin, nos hizo llorar
la ceniza
en los ojos, que no llegaba al agua.
Es lo mismo
el agua, la tierra y el cielo,
dijo mamá.
Y dentro de la caja
un poco de polvo quedó
adherido
a la bolsa de nylon
como
harina.
Sobre mi caricatura
en el vidrio de la mesa, donde yo lo escribí,
otro polvillo posó unos rasgos voladores,
como fantasma de un gesto.



El sueño



Caminé dos horas por una ladera del volcán
Popocatépetl*, muy silenciosa
hacia arriba.
Llevaba una piedra de cuarzo
en el puño y en la mochila
pan y queso y una bolsa de higos.
Los turistas son como poetas buscando
un éxtasis, pero yo no quería salir
tanto como nacer y esa pretensión fue mi virtud.
Igual que el miedo
ahora. Las rocas se descuelgan
con las manos agarradas a ellas,
y la cinta transportadora de piedras
entre los cordones, que se retuercen como culebras,
laxas después de un gran peñón que las aplasta.
Todos los días están abajo mío,
y en la cicatriz del pulgar
de cuando por primera vez pelé una papa.
Giran los ojos con escamas de arcilla
mientras resbalo en el aire sin oxígeno.
Ahí cuando la partera encandilada te toma con un fórceps de las sienes.
Y la rodada toma un zumbido metálico.
Llegan intermitentes a la sangre
infusiones de pinchazos vegetales.
El pelo arrastra guano de cóndor. De tan alto,
tan bajo, algo tengo.
Los días originales que se enganchan
a flecos espinosos como la jarilla
de mi propia montaña en otra vida breve.
Ahora las fibras del músculo no deben oponerse a las raíces y las rocas.
Ser agua, porque lo blando vence a lo duro.
Y apenas visible en el relieve
de unas ondas, de la corriente que brotó
repentina de un peñasco de nieve,
bajo hasta el pie de mi madre
que me fumiga con humo de tabaco para que despierte.

Sentimiento de lo que no existe todavía

Y sorbiste el tanino de las hojitas de té
para despabilarte al cielo con mangrullos crujientes,
mientras los cuerpos sueñan del otro lado
de la puerta con un diario sobre la cara.
La radio zumba con la frecuencia perdida
en el avatar del viento,
como el jején que halló su muerte
por asfixia y presión adentro del cuaderno.
Un punto negro donde no pensabas
terminar y a duras penas algo
empezaba la mano
balbuciendo.
Hay una invitación de las nubes?
Que hay un llamado del pedazo de vidrio
sobre la tierra negra?
Tu modo de ver trasluce o brilla.
Pero al hablar ya no ves.
Y al leer...
La biblioteca es el cielo
y si el cielo callara oirías
como un haiku
el exceso de velocidad del pensamiento.



Inspectores de leche



Pequeños fardos
funerarios, los tordos reptan
sobre la ceniza blanca
del abuelo,
que vieron tan joven en la cita quemada
por el proyector de 8 mm.
Se reía con su amor
en vías de la gran depresión que el sol apacigua
momentáneamente.
-Leénos el cuento
desde el final -dicen,
por si pudieran en un rapto aprender,
para qué sirven
los lugares comunes de los cuentos.
Parvas y parvas y parvas.
Una fogata dura más !
Las lomas se vuelven una enorme montaña de nieve, la tierra
extendida sube
y empieza a flotar.



Memoria en trompe l’œil



La miré a paso rasante por el camino verde.
No era la pajarita que se puso
a galopar sobre el anca del caballo negro?
Y su camino rural empezaba
aunque hacía mucho de su nacimiento.
Aquí está el plato de aceitunas
sobre la mesa y los vasos de pis frío.


Sentado en la galería cada noche
seguías los renglones de una novela negra
bajo la ronda de los escarabajos.
Y nosotros bailamos alrededor
dieciséis años.
Vendrás a caminar hasta el vendedor de papas
y repollos?
Al menos, nos buscarás cuando termine la cabalgata
nocturna
- con el tordillo, el árabe, el overo rosado,
nos protegerás la infancia.

O de nuevo soy otra vez la mitad huérfana?

Los chicos, mientras mataban unos piojos, dijeron:
-todo
lo que vimos y pudimos tocar
te lo dejamos,
pero lo que no vimos ni agarramos
nos lo llevamos.



Meharis Mild and Sweet


Vaporcito encantado siempre cerca
de noche
en la pieza:
un estadio de mi evolución infantil
la compulsión
y el ritual
que me asegura por el único acto fijo
en el mundo flotante.


Monólogo con personajes flotantes


Está quieta solamente
ahora.
Descansa el viento.
Sus exclamaciones se rebelan contra el reposo
mostrándose en las flechas del pelo
que caen sin impulso sobre la lona.

Su sueño sube
con el humo espeso
Y el silencio guarda
su cuerpo guardado.

Mamá durmió en otro jardín,
donde había un hombre
que se acercaba y desaparecía.
Una calandria bajó y
picotéo un pétalo colorado.
Distintos hombres se juntaban
como un remolino
y se dispersaban incompletos.
Algunos de sus colores oscilan en los pensamientos
que cobran formas
nuevas, y se vuelven orales
al despertar.
Y despiertan con ella
todos los personajes flotantes
que nombra mientras camina
en redondo.

Pierdo los detalles y floto yo también sobre el flujo
de las biografías y los meandros de unas genealogías
y las cascadas sobre otras vidas que conozco
indirectamente.
Ma no busca en silencio.
No encuentra
todo lo que ama
y extrema su cuidado
en lo que tiene.
Arabescos de voz que no puedo
registrar. Barroco de novelas perdidas
que se anida en mi oído
diferente de nuestras viejas
frases breves
-"Juan Pablo, a vos no te hablo; Silvina se fue a la China;
Valeria se fue a la feria y Alberto, al puerto
a buscar pescados muertos".
Su pedazo de cielo pasa mi frontera como un vidrio.
Adormecida voy sobre la canoa
de rumores que me arrulla,
y me aligeran de mí.

La meditación del paisaje se vuelve horizonte que viene
a buscarnos
como espigas adivinatorias.


Lo cercano

Si el viento es gratis, también el humo
de las horneadas de pizza y pan
al aire libre dentro del barro seco;
y de los troncos, donde secan los parches
los murgueros después de "la llamada".
Ves la combustión casi inventada?
Todas las "relaciones directas" con las cosas
del verano,
porque huimos de un panal
donde se doran las celdillas.
Y caminamos bailando por el barro
donde los pies se cruzan fugazmente
con la piel de arabescos de los sapos.




Dulce y pequeño rostro



Qué me observa con los iris color cerveza?
-Me miro en tus ojos, dijo. Y nunca quiso hacer
una metáfora.
Habló del reflejo pero también miraba detrás de mí
como si hubiera una red sumergida
y siguiera el movimiento de los peces encerrados.

Carácter mueble-arenas

Un artista del agua
se ocultaba y reaparecía
ligeramente amarillo.
Cuando jugaba
en la casa de Valizas
que tapó un médano
fabricado por el viento.

Y la duna preserva ese vacío
por dentro
casi debajo del desliz de los chicos
que hormiguean toda la tarde hasta la cima
para bajar sobre una tabla veloz .
Donde termina la rapidez, empieza el arco iris.

Miren ese cielo!
cierra el mar,
irisado como el interior de un mejillón.
Si pudiera llevarse
a la fogata de ramitas y huesos
el amor que hubo
mostraría que persiste
en los deslizamientos,
y no hay un tiempo quemado.
Como las palabras aladas que van subiendo
del fuego, para mezclarse con la noche.



Las otras vidas



Antes de dormir prendo un cigarro
y aspiro ahí mi humo futuro, antes de que la noche
venga entonces aquí y me invierta la silla,
para ver las imágenes que cuelgan de un cordel
como folletos con ofrecimientos o números de lotería
con ciertas fechas.
Hace seis meses y veinte días nos sentamos a tomar vino rosado,
Ornata, en esa calle que difícilmente crucemos otra vez al mismo tiempo,
ni conscientes de este recuerdo porque ya la olvidé.
Pero me acuerdo que la lluvia bajaba del toldo y nos tapaba
las casas de enfrente con las agujas de vidrio. No importa
lo que hablamos bajo el calentador de la terraza.
Entre las amigas, no existe la situación dramática.
El presente uno,
dos, tres vasos rosados.
El presente de una nube donde la luz se descompone y dibuja un remolino.
El vértigo es mañana.
La duración de esas "presencias"
que por unas semanas hablan
cuando camino sola y dialogo con ellas.
Sin melancolía. Igual que el puro presente rosa.
Mentirosa. Lo importante son fechas
para estudiar lo que dura la evaporación del diálogo,
del silbido y los ojos
de todos los amigos desconocidos.
El ritual me concentra en la morbosidad del recuento
y me deja
indecisa
hasta el final
de la aspiración.


Soy esa máquina que puede explotar



remix de "Los deseos"
de Osías Stutman


Minutos antes de la sirena
a medianoche
disparé un cañón contra nadie
sólo por el estruendo y el humo.
No hubo ni luz ni diálogo
entre manifestantes de la pólvora:
la estrella comedida, la caña
que silba al huir de la botella
al cielo como una promesa reducida.
Sólo el cañón de mi mortero
que se puso negro y voló
con el ruido de la obediencia perdida.




Uso de los designios


Aunque no te des vuelta,
voy a desaparecer
haciéndome humo
en el aire lento de la mañana.
No vas a dejarme tocar
tu pelo suave cuando no
te ame completamente.


Hacerme a mí misma,
hacerlos
fue un trabajo de Amor
-invisible.
Te veo embellecer
con mis propias palabras
y afearte
con cada injuria que solté
queriendo.
Cómo podíamos quedar fijos.
Tu pelo mismo desconocía
cuando venía brillando
como una lluvia de algas mojadas.
Medito una solución paso a paso
pero el pensamiento no es claro
como un vidrio.
Como todos los granos translúcidos
que mi mamá sumergió
en la leche,
cada cristal del arroz, del azúcar,
de la mandioca
que brilló para mí
en la explanada de la cuchara
antes que lo comiera.
Comer una distancia
pienso, así camino
y el demonio del movimiento
ahueca su axila
como si dijera,
vení a orar con un paso de baile
o disparando como una flecha
por el agujero del techo
para "nacer".
Por ahora seguimos jugando
en el suelo al scrabel.
Aunque después desarme
todo lo que junté
y la palabra desparramada
deje al doble del Amor
desorientado .
Como yo misma,
porque el que asusta
es el primero en asustarse.




Benzopireno del asado



Busco el agua
para hacer un círculo y encerrar el fuego.
Tus ojos
se aparecen
entre las sombras de las hojas.
Un domingo
entre los aplausos de las tablas
para comer la carne
y disponerla sin voz
-el rumor vuelto murmullo
del pensamiento.
El control remoto
y todo lo que objetivó el deseo de tocar
a distancia
mostró que el cuerpo no está
encofrado y
pocas veces se queda
ahí.
Incluso la risa no te pesca
en la red del puro presente
donde tus amigos
siguen la percusión con los cuchillos
y el vidrio.
Una respiración levanta
el orégano como una lluvia que llueve
al lado.
Todo sale,
sube
y se va,
transformándose.
La grasa cae al fuego, cruje
y vuelve como hidrocarburos aromáticos,
en los bocados,
arraigados a la lengua
como para siempre por unos segundos,
igual que yo me arraigaba en vos como para siempre.
Lo que sube del lado del mar
Ese chico sólo está enamorado de la ola
y va a subir debajo del cielo.
Primero toma el desayuno
al lado del fuego.
Y ahora pule la tabla junto
a mi oreja
lijando el segundo
cuando el pensamiento se excedía de velocidad.
Y en el agua
el sol pliega
a su ritmo
varias veces el pasaje
de lo inorgánico a lo orgánico.


Se prepara para el ascenso

Me hace bajar y entrecerrar los ojos
por las moléculas de polvo,
una nebulosa doméstica de humitos de oro
como miles de pequeños soles desordenados.
Es evidente que todos los cuerpos
son porosos.

La orilla de su intimidad



Un hombre me dijo ¡fumeuse!
y no miré al poeta,
pero él se volvió para decirlo
al verme subir en pequeñas nubes.



Poemas del libro "La indecisión"


Chapadmalal



Alguno llenó el balde
en el molino de al lado.
Esa rueda se mueve
al azar y si llueve
hay que hacerse impermeable
con bolsas de nylon.

En la pieza cerrada
la banderola con salitre
abre el campo:
chistidos det tómbola verde.

No hagan más pis aquí!,
así olemos solamente
eucaliptus,
acunados en el latido de la bomba

y en las puntadas
con chicharras invisibles
que da la siesta.

Exposición

En un fondo difuso de agua
jabonosa, genitales hechos de flores,
guardas secas de siemprevivas que cercan
los pétalos frescos sobre la leche.

Un móvil de plata cuelga
frente al atril del espejo.

Fuelles de hueso y piel. Vértigos
de encastración con un ruido secreto.


Abismos de luz



Bajamos los «caracoles»
que tenían forma
de un signo de interrogación,
en el Valiant de Beby y Eduardo Wynne.
La nieve fosforecía en la noche
y los faros alumbraban el precipicio
antes de girar. Miraba hacia atrás
el puro presente sin respuesta.
La tragedia, natural como la respiración,
fabricaba
la libertad lentamente.



Lettera Rarissima



Ya desde la mañana
cuando molés café
crées saber de dónde viene
lo suave y lo bueno.
Ciencias duras, libros sagrados
(te desvanecen en otro sueño).
Esa concentración
más allá de la física
para estar seguro y protegido.




Roxana Páez



POEMAS DEL LIBRO MADRE-CIRUELO

La puerta donde Eva come hormigas

El 27 de julio
ella duerme en el Hospital.
Le inyectaron morfina
y yo no lo sé.

Nada, de la cama blanca
ni de la inmensa costura vertical
por donde su interior se hizo visible

sólo en su aspecto funcional.

Las manos impotentes
la cerraron de inmediato,

como una puerta,
como una caverna.

De lo que no se puede mirar, mejor no hablar.


Siendo-fuera-y-dentro-a-la-vez, lo interior
me precedía en todo y ahora se adelanta
antes de que lo sepa.

Yo estuve en ese País interior
antes que mis hermanos,
como Lao Tsé en su madre Li,
Madre Ciruelo,
Hija del Jade de Brillo Oscuro.

¿Cuantas veces la embarazó una semilla
de mandarina o una cucharada de dulce
o el cuchillo con manteca ?

Por el brillo oscuro de su lengua,
y la mirada de jade,

un hijo podría decir :
«Quisiera no haber nacido.
Quisiera que no te mueras»,
dibujando un círculo para evitar el desencuentro
o el exterior.


Yo te diría: la expulsión me llevó muy lejos
de aquí, pero no me fui porque el útero
siguió siendo el Mundo.
1 de septiembre de 2005 - 20 de febrero de 2006


Cómo se acercó a un alejamiento extraordinario

El ciruelo ya creció en el fondo
y todo va de la tierra
hacia derecha, izquierda
arriba.
Más allá de
la turba hay territorios.
Cuando vi la sonrisa de la señora de los gatos, sentí
un pinchazo del rosal que nunca
había podado. Me inoculó un rumor verde
que salía de las paredes,
como la «enamorada» de la cal dispuesta a pasar del otro lado
para ennegrecerse con el gas
de los escapes
y alegrarse con los colores móviles.


Lo maternal infinito : Tradiciones chinas

Del País Interior,
que fue mi Madre Li
Li, Madre Ciruelo,
Hija del Jade de Brillo Oscuro,

hacia la experiencia del mundo,

oía:

- ¿Por qué te vas apenas nacida?



La carrera

Un día cualquiera supe
que lo maternal me había enseñado
que no existe diferencia entre lo interior
y lo exterior.

Al salir de un País
y de una casa
siempre había encontrado los órganos.

¿Es que nunca salí?
¿O me mantuve desde un primer momento fuera?



Ahora que podrías ser vos
la que fuera
expulsada de la casa, del barrio,
de nuestras vidas y de las vidas de los perros y de los gatos,
por la implosión que dentro tuyo sucede
silenciosa,

me he dormido un momento
de pasaje más estrecho,
en una indecisión somnolienta.



Monólogo con personajes flotantes

Está quieta solamente
ahora.
Descansa el viento.
Sus exclamaciones se rebelan contra el reposo
mostrándose en las flechas del pelo
que caen sin impulso sobre la lona.


Su sueño sube
con el humo espeso
Y el silencio guarda
su cuerpo guardado.


Ma durmió en otro jardín,
donde había un hombre
que se acercaba y desaparecía.

Una calandria bajó y
picotéo un pétalo colorado.
Distintos hombres se juntaban
como un remolino
y se dispersaban incompletos.

Algunos de sus colores oscilan en los pensamientos
que cobran formas
nuevas, y se vuelven orales
al despertar.

Y despiertan con ella
todos los personajes flotantes
que se pone a enhebrar mientras camina
en redondo.


Pierdo los detalles y floto yo también sobre el flujo
de las biografías y los meandros de unas genealogías
y las cascadas sobre otras vidas que conozco
indirectamente.
Ma no busca en silencio.
No encuentra
todo lo que ama
y extrema su cuidado
en lo que tiene.

Arabescos de voz que no puedo
registrar. Barroco de novelas perdidas
que se anida en mi oído
diferente de nuestras viejas
frases breves
-«Juan Pablo, a vos no te hablo; Silvina se fue a la China;
Valeria se fue a la feria y Alberto, al puerto
a buscar pescados muertos».

Su pedazo de cielo pasa mi frontera como un vidrio.

Y adormecida voy sobre la canoa
de rumores que me arrulla,
y me aligeran de mí,


hasta que el horizonte venga a buscarnos como espigas adivinatorias.


Fases de la luna sobre un trayecto móvil

Me había preparado para juegos más complejos,
cuando mi Padre me regaló
a los trece años
una extraña Libertad
muriéndose
y matándome en él.
Pero siguió vivo en mí con voces y gestos cambiantes.

Lo más difícil fue la indecisión al apoyar los pies
en esas piedras apenas fijas
que sobresalían en el curso del agua,

el miedo de perder el carácter
de personaje flotante.


Ayer traje una piedra roja de Vallecitos
donde desapareció subiendo,
para ponerla en el hueco de mi madre
que bajaba.

5 de marzo de 2006


Escrito en un curso

A las nueve de la mañana,
mientras chicos y chicas cuchichean
mirando las huellas de tiza

el sol despunta y relumbra
de pronto como una fogata
el pizarrón.

Ellos responden tal vez el primer punto :
«¿Cuánto tardarán los excluidos
en amenazar los barrios ricos
como en el pasado atacaron los palacios?»

Yo me pregunto, también,

¿cúanto podrá vivir ella todavía,
sitiada en sus órganos vitales?,

¿cómo será el silencio
de quien es
sobre todo
voz?

18 de noviembre de 2005


Mensaje @l…

Queridos amigos:
Volví el miércoles a la noche. Denme unos días,
ya voy a verlos.
Ella me esperó y se fue. Llegué
a su barrio un domingo por la tarde. Todo

el lunes estuvimos juntas. Le puse música.
Le leí el «Poema doble del lago Edem». Dijo :
fabuloso. Me hizo tres preguntas
y me pidió que le masajeara los pies.
A la noche murió.


Lo seco y lo mojado

Se durmió. Sobre una roca,
con los pies cruzados al borde
del acantilado y la cabeza sobre una bolsa con manzanas.
Durmió en su cama
cuando la hija le masajeó los pies.
Durmió sobre un sillón rojo
y en una reposera.
Se durmió sobre el pasto
recorrida por las hormigas. Se hizo la dormida
dentro de un sarcófago de piedra
en el Cairo. Cuando dejaba de hablar
se dormía.
Se durmió en trenes, en aviones, en ómnibus.
Si ahora
alguien dijera que duerme bajo la sierra (o la tierra)
sería una metáfora, una mentira.

Una gota de lluvia
cae
sobre la piedra
revienta
y hace brillar su nombre
hasta secarse.


Mi corazón como un ataúd

Después de leer unos poemas de Else Laske Schüller
en el tren, me dormí.
Al despertar, me sequé con la mano
la comisura de la boca.

En ese momento
vi el reflejo de mi madre
haciendo el gesto en mí.
Como si no fuera yo
o
como si yo lo repitiera.

¿Quién era la que volvía

ahora

con ella

en mí ?




6 de abril de 2006

Afánisis

En el cajón de la mesa de luz está…
Allá, sobre las cajas de más arriba
vas a encontrar…

Habías cerrado las cajas de mis libros,
distribuido mis cosas en las casas
de amigos
cuando yo me había ido.

Ahora, se te ve tan cansada,
querés estar tranquila
solamente.

La única pena
es abandonarnos,
renunciar a saber
qué vamos a hacer mañana.


Horas antes oigo tus quejas

de que ya están decidiendo por vos.

Como si una gran mariposa
al cruzar la pieza
hubiera ensombrecido
las sillas, la cama,
los estantes llenos de libros. Toda la casa
vaciló y se curvó.
Y el golpe de una nube
te alejó más de la cocina.

¡Puta madre! ¡Qué cagada, carajo!
¡No puede ser !
Yanomami.
Los objetos se abrazan.


Jardín de Gloria

28-02-06
Sector : Tupungato Sur
Parcela nº350

(en la libretita
que guardaba entre la ropa interior y los pañuelos,
con hojas
incrustadas al cartón de la tapa)

Mi último poema
es el de tus últimas horas,
el que tuve en la mano
en lugar de tomártela.

Junto a tu cama
la noche siguiente de llegar para cuidarte.


Una dedicatoria no llegará a destino.

Son las diez menos cuarto.

El médico nos habló y se fue.
Dijo : -ella te esperó y se va,

pero vio a sus nietos, a los hijos.
Y todos los muchachos del hospital vinieron y
le dieron cariño-.

Mi hermana menor se puso a llorar
sobre Ma viva
que levantó la mano y acariciándole el pelo le dijo
« no sufras ».

El médico me mira
escribiendo y me dice:
-tocala, que siente.

Dejo la pilot y cubro su mano. Mi hermano
le da unas gotas y parece dormida, tranquila.

El dulce de ciruelas está dentro del armario
al que no te acercás,

No llegando a escribir
lo preparaste o
¿yo escribo
porque me hablaste y cocinaste ?

Ibas a ser artista y fuiste

una del arte efímero.


Soy yo la que se duerme, mirándote
hasta sentir la voz de mi hermana diciéndome :
« Ya está ».

Pego un salto
sobre el vacío
persiguiendo
la milésima de segundo
en la que el cese de bombeo
me impide ser hija
en adelante,

sobre el vacío
entre la cama donde me había dormido
y la suya,
entre mi vida y su muerte,
entre mis lágrimas y su frente tibia
rodeada de su pelo
que no llegó a ser blanco
y mis hermanas por turno
peinaban más temprano.

Entonces la del medio se puso la mano inerte de Ma
en su propia cabeza para saber, dijo,
cómo hubiera sido
la caricia que no tuvo.



Esa mañana
al despertarme te había visto
dando 4 pasitos
apoyada en mi hermano.


y te sentaste con ayuda, sin mirarme,
avergonzada de que yo descubriera
al volver tu nuevo rostro.


Los médicos llegarían a las diez y en camisón,
sin lavarme la cara, te ordené la pieza.
Y pasé un trapo por el parquet sin levantar la mirada.
Que no me vieras mirando la Yanomami
que eras vos todavía pero sin risa, inmutable.

Como un juego:
a que yo hubiese sido
sumisa y vos severa.
Quería percibir tu mitad viva y estabas medio muerta.

Te propuse el cardigan que me habías regalado
hace tiempo,
para devolverte un color.

Y pasé todo el día
acomodándote
el brazo recién entablillado
que sostenía la aguja en una vena
línea de lápiz, hilo.


Quería preguntarte cuándo
perdimos el acento del apellido
y otras cosas idiotas que me había anotado.
También tenía el « Poema doble » de Federico
-Voy a leértelo más tarde. –No –dijiste-.
-Ahora.
(Como si fuese :
ahora
o nunca).
-Fabuloso .


Tu comentario lo resumió todo.

Vino mi hermano y te preguntó al oído :
-¿querés que llame al padre ?
-Mañana –contestó-.

A mí Ma me dijo que fuera a descansar, pero yo
quería acompañarla a la salida, como vino
ella siempre al aeropuerto cuando yo me iba,

a la puerta donde Eva come hormigas
y Adán fecunda peces deslumbrados.

Y persistiendo me quedé, Se me cerraban los ojos.
Un minuto, dos, media hora.

-Ya no puedo hablar
-dijo una vocecita todavía audible.

Y el comienzo de una palabra que dijo nos dejó

-Libr…
-Libre ? Libro ?



Una de mis hermanas me tocó la espalda suavemente
diciéndome
-ya está .

¿Perdió la vida
al perder la palabra ?

Yo nunca vi un muerto.
Ma tenía tantas células vivas todavía.
Estaba tibia. ¿La besé? ¿Le toqué la cabeza?
¿La mojé llorando ?

Abrí su placard y busqué una cinta
para atarla alrededor de su cara
y cerrarle la boca.

Nunca pudimos hacerla callar y ahora
ella no nos hablaba.

Nunca vi el rigor mortis. Ni siquiera la vez que me tocaba
saber lo que no se busca.
Llamamos enseguida porque
¿para qué tenerla
así callada?

Dos hombres subieron, se acercaron, tomaron
los cabos de la sábana con ella
amarilla, rosada, y la sacaron así de la cama.

Fue en ese instante que lo supe,
cuando la sábana se volvió bolsa, bulto, cerrándose
casi en el camino de los hombres y ella era
cosa, no ya
Ella.

Gritaba, grité.
Algo pegó
un alarido
en mí.

Ella no
me llamará más.

Me parece que volviendo
a casa
voy a marcar su número para contarle todo,

como un corte de luz
cuando sabés que ni la heladera
te ilumina y no hay música,
pero prendés la luz porque no todo
en vos lo recuerda.


Y que no me conteste como
la penúltima vez
esa frase de presa,
exiliada que no correspondía
a su ironía :
-gracias por contarme cosas lindas.

Me pongo un jean y me cuelgo una piedra
al cuello, pulida por el agua.

Que me haga subir en lugar de bajar.

Ahora que no tengo lastre que cargar,
voy remontándome.

Si el dolor abre un poema,
si lo cierra,
¿la herida se cerrará?



Una vez cruzamos a Santiago
con un niño momificado
en busca de un refrigerador especial
que en Mendoza no había.

Se lo habían confiado a Hans
cubierto de plumas,
en un paquete lleno de juguetes
para niños de siete años enviados al Más Allá
como regalo.

Nada, nada hay en tu cajoncito, ni una muñeca,
ni un collar,
ni el teléfono.

Cuando tus huesos estarán harina,
quand tes os seront farine,
when your bones will be flour,
todavía

estarás hablándome
o gritándome.

Sólo al final viraste.

¿o fui yo ?
y a la distancia decías a mi contestador

-no estás… Me gusta tu vida
(o) la vida que llevás
(o) estarás paseándote
-gracias por contarme cosas lindas
-gracias por llamar.


Entre los labios de un terraplén

Cuando me hablabas tanto y me perdía entre tramas cruzadas, personajes que finalmente se volvían secundarios, porque otros y otros más aparecían, te decía: escribí. Y vos te sonreías, irónica, avergonzada y orgullosa.


Cuando dejaste de luchar contra el horror vacui del silencio, dejaste de vivir.

Vi que la muerte era como romper una palabra y pasar (…) hacia
una nueva palabra. H.H.



Querida y extraordinaria Lilik (ahora nadie podrá criticarme):

Estas semanas vivo como una película : me enrosco
y de noche me proyecto.

Todos los días te extraño, me pongo a escribir
y enseguida
empiezo
a llorar.
Después sigo escribiendo con la cara lavada,

como si vos me la hubieras lavado.

Recibí el dinero que dejaste para guardar mis libros
y el anillo que vendí para el pasaje de tu nieto,
como antes recibía tu encomienda con turrón, torta,
dulces, remeras y recortes de periódicos.

No espero ni mensaje ni llamado tuyo.
No voy a seguir triste. Ayer al llegar
a la calle del embarcadero habían nevado
tus pétalos toda la vereda y me puse feliz.


Lisboa

En la terraza del camino al castillo de San Jorge
tomamos vinho verde cuando el sol se dejaba de ver.

Y entonada leí el sorriso louco das mâes de H.H.
por el teléfono móvil:

E as mâes sâo poços de petróleo nas palavras dos filhos,
e atiram-se, através deles, como jactos
para fora da terra.

Chorros de oro negro que salen de las palabras de los hijos.

Quisimos jantar bacalhau y seguir con vinho verde.
Una vieja nos recomendó «ahí» con un gesto,
antes de sacar la silla y sentarse
al fresco de los azulejos.

Como nunca lo hiciste.

Vejo que a morte é como romper uma palavra
para pasar a otra palabra.

El cartel encerrado en arabescos de hierro señalaba
el rincón de la calle para el pis. Toda la subida era ámbar
por los faroles y los imperiales de cerveza
que cuestan ochenta centavos .

ATENCIÓN ESCUELA señalado con un hombrecito
de la mano de una nena. Pedacitos para lo que vieras.

Las veredas de mosaquitos color marfil dibujan
de vez en cuando flores negras. Fachadas azules, verdes,
amarillas en cuadrados de 14 centímetros de esmalte, como
si toda la ciudad fuese una pescadería.

Los adoquines negros a veces más bien triangulares
por los que sube el tranvía 28 a Alfama, barrio medina
donde viejitas cuelgan
sábanas como telones por debajo de ellas. Cruza,
amarillo, la ciudad hasta llegar al Barrio Alto,
semillero de bares, sangría blanca con menta
y el humo perfuma las calles y acompaña las ofertas
de los vendedores de haschich. Al final,
nos dieron de comer cerdo con migas, preparado de pajarito,
miguitas de misteriosa humedad.

Subimos para bajar
al río. Subimos al tranvía vacío,
abandonado,
amarillo,
en medio de la cuesta
para jugar.

Por detrás da noite de pendidas
rosas, a carne é triste e perfeita
como um livro.

Un libro triste, imperfecto.

Por la mañana va
escribiéndose. Y, sabés, sin esfuerzo vi
el tomo rojo de 1915, Ode Triunfal
de Alvaro de Campos.

Sobre unos tablones de la callecita
que linda con la Brasileira,
donde también él tomaba café
como los artistas y los turistas.

O ambas cosas.

TURISTAS! TERRORISTAS!
(sobre la pared en negro y blanco)

Por la mañana
en la orilla del mar de paja
el río, de verdoso, viró
al dorado.
Mientras esperamos el ferry a Cacilhas, comimos
camarones asados con vinho verde y también reflejos de oro.

Y un trocha angosta
de juguete nos llevó por esos kilómetros
de arena cercados por las rocas vírgenes y viejas
de Caparica.

El mar estaba tan fresco y plano como
la pampa húmeda .

Sobre todo
evitar
escuchar fado,
que llamaste tan triste.
Sobre todas las cosas no
ser jamás patético/a, sino el patos.
Sino el Fatum, que los árabes llaman Mektub.

E a morte passa de boca em boca
com a leve saliva,
com o terror que há sempre
no fundo informulado de uma vida.

Terror que inspira
su misterio.

Fumamos, nos besamos sin dormir
con el lenguaje de rumiar.

También el cuerpo
se vuelve de fragmentos extasiados.

No madura
porque no es una fruta,

si bien se sostiene
entre las hojas que le dan un marco.

O leite cantante.

Nadar entre palabras
que somos en
un lenguaje menor entre las sábanas
páginas, mortajas, azulejos
como teclas donde la mano al apoyar provoca
el casi inaudible chasquido
del líquido,
mi primer amigo,

a ritmos cambiantes, hacia lo que sin poder decir
fui balbuciendo.



13 de septiembre de 2006


Roxana Páez

Roxana Paez vive desde el año 2001 en Francia, donde da clases en los departamentos de español de distintas universidades. En Grenoble, defendió su tesis Poéticas del espacio argentino. Tradujo, entre otros, textos de Pierre Klossowski, Rachid Boudjedra, Michel Serres, Cornelius Castoriadis, Henri Méchonnic, Marcel Duchamp, Georges Bataille, Mamhoud Darwich, Josée Lapeyrère y Geneviève Huttin. Recibió el Primer Premio Nacional de Poesía del Concurso Enrique Pezzoni, otorgado por la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA (1993), el Segundo Premio del Concurso Nacional de Poesía "La piedra movediza" (1994) y su ensayo “Juan L. Ortiz: La medida de los grillos” fue distinguido junto con otros cinco para la publicación homenaje sobre ese autor, organizado por la Fundación Banco Mercantil Argentino. Obtuvo en Francia la Beca para Traductores Literarios (1998) y la Beca Saint-Exupéry (2000-2001). Publicó Gran distracción animada (Buenos Aires, Seis Sellos,1994), Las vegas del porvenir (Buenos Aires, La Marca, 1995), La indecisión (Buenos Aires, La Marca,1999), Fogata de ramitas y huesos (Córdoba, Alción, 2002), ahora reeditado. Poemas suyos han sido traducidos al inglés, francés y portugués y publicados en numerosas revistas y antologías, entre ellas: Monstruos. El sueño de la poesía. Antología de la nueva poesía argentina. (Edición y prefacio de Arturo Carrera), Buenos Aires, FCE y Agencia Española de Cooperación Internacional, ICI-Centro Cultural de España, 2001; Antología del subte,Buenos Aires, Ediciones de la flor, 1998; Poesía. 36 autores, La Plata, La Comuna Ediciones, 1999; Naranjos de fascinante música. Poesía contemporánea de La Plata, Libros de la talita dorada, 2003; Twenty Poets from Argentina - Poetry of the Nineties (edición de Daniel Samoilovich y traducción de Andrew Graham-Yooll, Redbeck Press, Bradford, 2004); Antologie des écrivains latino-américains en France, Paris, Indigo, 2007. A fines de julio, la editorial de Marsella, Fidel Anthelme X publicó Lettera rarissima, antología bilingue de sus poemas. Ademas del libro sobre Manuel Puig, Del pop a la extrañeza (Buenos Aires, Almagesto,1995), varios de sus ensayos integran tomos colectivos o fueron publicados en revistas especializadas. Entre ellos: "Juan L.Ortiz: La medida de los grillos”; "Dactilogramas: la escritura íntima" (sobre los manuscritos de Manuel Puig); “Oliverio Girondo: En la nuca del sueño”; “Wilde, la nueva crítica”; "Criollismo de otra experimentación: Francisco Madariaga"; “Tango del viudo’: el deseo corteja al fantasma”.

fuialrio@neuf.fr